Así se inaugura un nuevo modo de ver que amalgama la modernidad fotográfica (en donde se da un cambio fundamental en las estructuras gráficas) con la antiquísima tradición de la cultura católica. Ante siglos de cristianismo la fotografía fue necesariamente reflejo de la escena sagrada 7. Pero en México la figura de Cristo se volverá tan relevante como la de la Virgen de Guadalupe y la fundamental cultura que creó. Para una generación de fotógrafos surgidos en los treinta, y en esencia como parte de una política nacionalista/revolucionaria establecida desde principios de los años veinte, la escena de contenido mexicanista comienza a adquirir relevancia. Y entre ello no podía quedar de lado el registro fotográfico de la manifestación de fe popular en donde se exhibe el sincretismo indígena y español.

Fotógrafos mexicanos y extranjeros, en su paso por México, realizan así una crónica visual de los actos litúrgicos a partir de sus personales estilos. La fotógrafa y editora norteamericana Frances Toor, quien sería una figura clave en el rescate de las tradiciones populares, en su libro A Treasury of Mexican Folkway (Nueva York, 1940) incluye significativamente 170 trabajos de fotógrafos como Emilio Amero, Lola Alvarez Bravo, Julio de la Fuente, Fritz Henle o Ewing Galloway en donde obligadamente se publican fotografías de festividades religiosas que rozan lo fantástico (la Semana Santa de Puebla, Oaxaca y Veracruz en donde predominan la máscara y el disfraz). Mientras el fotoensayista Nacho López se acerca con un solemne como desgarrante intimismo a los rituales que se dan en la Ciudad de México (el dolor y la pasión en los rostros de los personajes que acuden a la Villa de Guadalupe o que representan la crucifixión en Iztapalapa), y en el interior del país (como su notable fotorreportaje de el Día de muertos en Patzcuaro)8.

Esa modernidad y tradición va a permear también ineludiblemente a los temas de la foto contemporánea, aunque ésta se definirá mas a partir de una renovada lectura de contenidos formales y estilísticos. En la exposición Diez Fotógrafos en la Plástica que se dió en la Ciudad de México en 1976, Enrique Bostelmann exhibe una singular imagen. En ella aparece una descarapelada figura que implora al cielo (una estatua que puede ser un Cristo o un apóstol) dentro de un sombrío y sucio espacio, que no es mas que un baño público. En esa desangelada imagen Bostelmann logra sintetizar la presencia de la fe con una áspera cotidianeidad urbana. Con un singular toque corrosivo el norteamericano Michael Bradley , en un viaje que realizó a México en 1969, fotografía escenas en donde de manera natural hace un registro del kitsch religioso (entre ellas un altar casero en donde junto al Sagrado Corazón y un cuadro de la Virgen de Los Remedios aparecen figuras de Bambi, una geisha y hasta estatuillas prehispánicas)9, que en muchas formas antecede al trabajo del joven fotógrafo Rubén Ortiz (la Guadalupana como icono ubicuo, que lo mismo aparece junto a Micky Mouse que en historietas populares).

En los ochenta y noventa se comienza a articular así una moderna estampa barroca que a partir del fotodocumentalismo registra una cultura católica sumergida en el absurdo urbano. Ahí estaría el hombre que carga una estatuilla de la Guadalupana envuelta en plástico de Con la Virgen a Cuestas (1983) de Pedro Meyer; los personajes que toman sus alimentos sentados junto a un Cristo imperturbable en La Ultima Cena (1987) de Yolanda Andrade; la lanza con la leyenda "INRI" recargada junto a una televisión que muestra en paralelo la representación de una escena de la cristiandad en Viernes Santo (1985) de Pablo Ortiz Monasterio; el ex luchador Fray Tormenta convertido en sacerdote, oficiando con todo y máscara, en imágenes de Lourdes Grobet; mas todo una iconografía religiosa olvidada en polvosos rincones de iglesias registrada por Renata Von Hanffstengel, o la paradigmática imagen del fotoperiodista marco Antonio Cruz en donde los pes de un Cristo cuelgan desnudos sobre una muchedumbre; una foto ésta de fuerte carga simbólica que parte de sutiles referentes que como singular caso fue impresa en la multifotografiada representación de Semana Santa en Iztapalapa, D.F.