LA FOTO TESTIMONIAL:
La historia se hace a cualquier hora
|
![]() |
El hecho captado es irrefutablemente histórico. Un sistema político vigoriza su crisis con un segundo crimen desmesurado el mismo año. Esta vez, como en el caso de los videos y las fotos tomadas el 23 de marzo en la colonia Lomas Taurinas de Tijuana, con Luis Donaldo Colosio y Mario Aburto de protagonistas centrales, las imágenes son definitivas. Los camilleros transportan el cuerpo de Ruiz Massieu, la camisa abierta y ensangrentada, la indefensión del último gesto. Las fotos ahorran explicaciones, dramatizan y desdramatizan el episodio, exhiben la red complejísima del poder y la vulnerabilidad. Son inolvidables en la medida en que una nación las añade a su conocimiento esencial de la política y son relevantes porque la violencia, la experiencia, la oportunidad, los reflejos adquiridos condicionaron los ángulos y la decisión testimonial. A fines del siglo XX mexicano, las fotos de prensa despliegan su condición insustituible, que ni siquiera el auge del video cuestiona.La Revolución y los Casasola A partir de los años cuarenta, el gran trabajo de recopilación y documentación del fotógrafo Ismael Casasola inicia una nueva y victoriosa vida. Los fascículos (malamente impresos) de la Historia Gráfica de la Revolución Mexicana, sorprenden a quienes vivieron los años de la experiencia armada, del derrumbe de certezas y el cruento arribo de la institucionalidad. Allí están, documentados, héroes y villanos, paisajes cotidianos, auges y declives de las facciones. Son Historia, desde luego, pero Historia recuperable por fragmentos, por entidades ópticas (si el término es posible). Yo andaba por ahí cuando llegó Madero a la capital. A tu abuelo lo amenazó Pancho Villa. Ese día de la muerte de Obregón me acuerdo que... La fotografía envía a la reminiscencia a quienes la contemplan y reconstruye, un tanto artificiosamente, el sentimiento histórico. Si según dicen, la gran revolución costó un millón de vidas, es tiempo de considerarla álbum familiar. En esa multitud yo me movía y gritaba. Este podría haber sido yo. Los de las generaciones posteriores se asombran y, por razones muy explicables, seleccionan unas cuantas fotos para su manipulación, o para apropiarse con sentimentalismo de la vida popular. Y, con sospechosa monotonía, del impulso congelado de estas fotos se extraen moralejas históricas y lecciones de época, las conclusiones políticas y sociales que estremecen teatralmente a los conservadores, alientan a las clases medias en su alabanza del progreso, y de vez en cuando, animan a radicales y liberales. Hemos contemplado esas fotos hasta la saturación: unos zapatistas con expresión indescifrable desayunan en el palacio porfirista de Sanborns/ una soldadera nos ignora desde un tren/ un fusilable atiende al pelotón con meditado desprecio o refinada ironía/ Zapata y Villa se acomodan inciertamente entre la sillería del poder/ Carranza distribuye su madurez y su gravedad entre un tropel de jóvenes/ Obregón parece conferirle a las maniobras de un regimiento las características de un plan constitucional/ Zapata adopta sin premeditación la actitud épica que resucitará en un mural y en cientos de miles de posters/ Eufemio, Emiliano y sus mujeres atestiguan la pervivencia de la pareja en la Bola... Al principio, estas fotos se leen con miedo o repugnancia y, luego, la demasiada estabilidad convierte al Archivo Casasola en ámbito de la armonía que algún día fue violencia y lucha de clases o de facciones. Repetidas, comentadas, -casi podría decirse "impresas en el inconsciente colectivo"- las fotos que se eligen integran otra secuencia básica: la inmovilización estética del proceso revolucionario. El tiempo -institucionalizado- encuentra los avisos de otra Buena Sociedad en esos ordenamientos de la ambición, la generosidad, el rencor, la ineptitud, el genio militar. La lectura posterior de estas fotos se basa, sin jamás explicitarlo, en la "fascinación ante lo primitivo", el método "turístico" que convierte a los orígenes en el exotismo situado en ninguna parte, o en la alquimia que incorpora a una revolución al desfile de motivos folclóricos. Y, en tanto hecho de armas, a la Revolución Mexicana se le deja el camino de la fotogenia. Durante la lucha armada, un fusilamiento es suceso límite que describe la "normalidad" imperante, el valor muy relativo de la vida. Apresado en la foto, el fusilamiento es acto irreal que ocurrió en otro tiempo (es decir, en otro país), y no dispone de causas y consecuencias, no da ni genera explicaciones. Y la tendencia de ver en las fotos del Archivo Casasola la certificación publicitaria (pueblo eres y en poster te convertirás) responde al afán de cambiarle de signos a una revolución, trocando un levantamiento social por las preocupaciones del ángulo mejor y la composición adecuada. El Archivo Casasola: la versón más favorecida y "mejor compuesta" del movimiento armado. |