Navegar por el ciberocéano
 
—La fotografía digital viene a ser la concreción de un nuevo espacio donde confluyen tiempos, lugares y hasta culturas distintas. Rompe también, como en la noción posmoderna, con la estructura lineal de desarrollo de la historia y del progreso; abre horizontes más vastos.


PM: Lo asombroso es que en los antiguos códices se manejaba esa misma noción del tiempo, en ellos había reyes que morían y que tres páginas adelante volvían a aparecer; los códices tienen una estructura que no tiene nada que ver con el pensamiento occidental. Nos hemos alejado de esa sabiduría, de ese pensamiento. Si lo analizas, la mente funciona de una manera mucho más semejante a la del mundo digital que a la del analógico. Por ejemplo, en esta charla, cuando tocamos algún tema inmediatamente mis neuronas hacen cientos o miles de conexiones que hacen que otras ideas vengan y vayan, creando una serie de ramificaciones neurológicas que son muy parecidas a las ramificaciones digitales del internet, con sus millones de ligas.

—Si navegas en internet es posible que a los veinte minutos ya no sepas dónde empezaste ni qué es lo que buscabas. Lo mismo sucede cuando la mente empieza a divagar...

Jose Luis Bravo y Pedro Meyer / Enrique Villaseñor. 2001
 
 
PM: Me acuerdo de las primeras experiencias que tuve en internet, y te estoy hablando de hace cinco años, que equivalen a cinco mil años en la historia de este medio. Terminé en un burdel en las Filipinas —pero no pienses que era un sitio pornográfico: sucedía que una chica se fue a vivir a ese burdel porque estaba haciendo un reportaje desde ahí y enviaba sus textos y sus fotos desde un prostíbulo en Manila. Cuando veo una foto digital de las que yo puedo armar, esa foto representa mucho más mi manera de pensar que una foto tradicional. De la misma manera en que un escritor edita su texto y elimina o añade elementos para enriquecerlo, o pasa para adelante lo que estaba al final o en medio, de esa misma manera yo puedo eliminar o añadir elementos que se acercan con más precisión a lo que yo quiero expresar en una fotografía. Me acuerdo por ejemplo también de la añeja discusión sobre el collage, en el sentido de que también era algo artificial y que sus elementos no tenían que ver unos con otros. Es un poco como la discusión que se genera ahora con la aparición de la fotografía digital. Si Josep Renau se quedaba corto con sus ideas era porque las herramientas no le daban para más. Ahora, hay que tener cuidado con esto, porque lo que más hoy se encuentra con más frecuencia como representación de lo digital son, de hecho, ilustraciones, no son fotografías. Si comparas las fotos que yo he hecho, por ejemplo ésta de “¿Dónde está la lana?” [una imagen que puede verse en ZoneZero, mayo del 2000], ¿qué tienen qué ver con los collages? Absolutamente nada. Hay que distinguir entre las visiones exclusivamente fotográficas y las que no lo son. Creo que este tipo de problemas no se han resuelto, ni siquiera hemos empezado.
 
—También tenemos el hecho de que la fotografía digital ya no necesita exclusivamente de un espacio físico para difundirse, como lo demuestra por ejemplo el sitio que fundaste, <www.zonezero.com>, con decenas de exposiciones virtuales de fotógrafos de todo el mundo. Aun así, con toda esta evidencia en favor de las ventajas, parece que hay mucha renuencia a aceptar las nuevas tecnologías
 
PM: La renuencia es la misma que ha habido en toda la historia de la humanidad. En el siglo XVI Maquiavelo escribió en El príncipe sobre el miedo de la gente a los cambios en las estructuras de poder ya establecidas, porque todavía no se habían demostrado las bondades específicas de cualquier nuevo tipo de gobierno —y podemos hablar lo mismo de partidos políticos o de tecnología digital, de lo que quieras.
 
—Ese terror a aceptar cambios tan drásticos, como los que proponían Giordano Bruno, Copérnico o Galileo, que les valieron el escarnio, el descrédito o hasta la hoguera. Quizá sea pertinente comparar esta época con el Renacimiento, con el internet y las nuevas tecnologías... es como cuando se inventó la imprenta y se democratizó la información, se podía leer la Biblia, y cada vez más gente tenía acceso al alfabeto.

PM: Bueno, ¿quiénes son los que se opusieron a la imprenta? Tú sabes...
 
—La propia Iglesia...

PM: ¡Los monjes que escribían los libros a mano! Y los príncipes que financiaban a los monjes y que les daban a los mismos príncipes la posibilidad de poseer bibliotecas privadas. Es decir, quienes obtenían algún beneficio derivado de esa estructura eran los primeros en oponerse. Es lo que pasa en el mundo digital: todos los fotógrafos establecidos, con una gran reputación, me ven como un hereje, ¡cómo puede ser que yo esté promoviendo y haciendo todos los esfuerzos en el ámbito digital y renunciando a mi pertenencia a la casta de los fotógrafos! En el CD-ROM que hice [Verdades y ficciones, 1992] incluí todas las cartas que me mandaron, y muchas de ellas son muy críticas y escépticas en ese sentido, pero a los cinco años muchos de los que me criticaban cambiaron de opinión y ahí están ahora con sus fotografías en la red. Es como el famoso epitafio del hipocondríaco: ¿No que no?
 
—Hay varios intentos por controlar la red, hay países donde el internet está prohibido o donde su acceso está muy restringido.

PM: El mundo se reproduce en la red: los mismos debates y discusiones. La red es siempre una representación de todo lo que pasa en la realidad.
 
—Pero ver tantos sitios de odio, racistas o de pornografía infantil me hace pensar que la red padece un cáncer que está creciendo, que se expande de manera vertiginosa. ¿Cómo percibes el futuro de la red?

PM: En México siempre hemos sostenido que aquí no hay racismo, por ejemplo, pero cuando empiezan a aparecer cada vez más diarios y más libertad en el manejo de la información, con más investigación, se tiene la impresión de que de repente se desató una ola de racismo, de violencia. Pero eso ya existía. ¿Cómo me entero de que ayer mataron a veinte tipos aquí en el Distrito Federal en varios asaltos? Pues por la información, y si esa información no circula nunca me entero. Yo prefiero que todos estos grupos de odio estén en la red y que puedan detectarse y localizarse y no pensar que estamos sentados aquí y que todo eso no existe. Si algún imbécil ve un sitio de éstos y se inscribe y se vuelve neonazi, de todas maneras, si no iba a ser neonazi sería cualquier otra idiotez en la vida. Hay que ser muy estúpido para leer esas boberías y convertirse en neonazi.
 
—Desde luego. Pero tampoco creo que la solución vaya en el sentido de legislar rígidamente el internet. Hay tendencias autoritarias tanto en Estados Unidos como en China.

PM: Como en todo, no hay soluciones ideales. Pero qué ocurre, por ejemplo, con alguien que te vende algo en Australia y te estafa, ¿a quién demandas, dónde?, ¿qué haces? Para el desarrollo de un comercio mundial tiene que haber una regulación, tiene que haber responsables: ¿son las cortes de Estados Unidos las que tienen jurisdicción sobre las Islas Caimán, donde hay casinos que están robando? ¿Quién tiene jurisdicción legal en una cosa que es totalmente virgen? Y no estamos hablando nada más de si tú quieres subir a la red un manifiesto terrorista o de cómo cometer asesinatos. Una sociedad, no importa si es pequeña o primitiva, tiene códigos y leyes, incluso las familias las tienen. Hay por supuesto muchas consideraciones que tendrán que ventilarse, quiénes serán los que determinen en la red las reglas del juego, porque la completa libertad no es la solución: es una buena idea, una buena intención, pero sucede que todos quieren definir la libertad desde su propio punto de vista.
 
—A mí me sorprendió enormemente la convocatoria de la gran protesta contra la Organización Mundial de Comercio en Seattle el año pasado, al parecer una buena parte se gestó por Internet...

PM: Tampoco seamos tan ingenuos, no se trata de enviarle noticias a 20 mil personas que de pronto dicen: vámonos, súbete al camión que nos vamos a Seattle... Existían ya muchas cosas y por internet se gestaron complementariamente muchas otras, pero no fue el internet el principio y el fin de todo este asunto. ¿Tú sabes cuál fue efectivamente el punto neurálgico de agilización de todo eso? Encontrar mediante el correo electrónico alojamiento para 20 mil chavos y chavas, en casas particulares, así toda esa gente podría ir sin que les costara mucho dinero.
 
—Supongo que ZoneZero es el sitio más grande de fotografía en el mundo virtual...


PM: Es posible... Piensa en La Regla Rota o en La Pus moderna, las revistas que tú hiciste y que ya no existen, excepto los ejemplares que están por ahí en algunas bibliotecas. El punto es cómo aquello dejó de existir. En cambio, en ZoneZero tenemos cerca de 180 ediciones, desde la primera, y no hay una que no se visite todo el tiempo desde los más distantes puntos del planeta (¡99 países!, si bien 80 por ciento provienen de Estados Unidos). Es una inmensa galería donde las 180 exposiciones permanecen montadas todo el tiempo. Y lo más sorprendente es que de pronto la 40 se convierte de la noche a la mañana en la más visitada, y te preguntas por qué sucede eso, posiblemente alguien hizo una liga quién sabe dónde y de repente vienen diez mil personas a ver una exposición en particular.

Este mes —noviembre— llegamos a tres y medio millones de hits, y para el siguiente seguramente esa cifra va a incrementarse aún más. ¿Cuántos museos o galerías reciben noventa mil visitantes al mes? Mi editorial, por ejemplo, es leído por unas 3 mil 500 o 4 mil personas al mes, y no te estoy diciendo si lo publico en algún diario con un tiraje de cien mil o no sé cuántos, pero de esos cien mil lectores no todos van a detenerse en mi artículo, y nadie podría decir cuántos lectores lo leyeron. Nosotros sí podemos saber cuántos leyeron tal o cual nota, y cuántos vieron esa o aquella fotografía en particular.. También ha habido cosas insólitas: en medio de la guerra, en Kosovo, imagínate, alguien me escribió para registrarse y para que le enviara el boletín mensual. En otra ocasión me llegó un correo de alguien de quien no podía descifrar la dirección, le contesté diciéndole: Oye, qué bien que te registraste, ¿pero de dónde eres tú? El tipo me contestó y resulta que vive en pleno círculo polar ártico, ¡a unos kilómetros del Polo Norte! ¿Puedes creer eso?