La fotografía digital, el internet y el burdel de Manila.

Una conversación con Pedro Meyer
 
Rogelio Villarreal / roger56@prodigy.net.mx
 
Fundador del Consejo Mexicano de Fotografía en 1977, y organizador del I y II Coloquios Latinoamericanos de Fotografía (en 1978 y 1981, respectivamente), Pedro Meyer es también pionero en el mundo no sólo de la fotografía digital, sino de las nuevas herramientas tecnológicas que han hecho posible el desarrollo de los CD-roms, las impresoras digitales y los libros electrónicos. Es autor de varios libros, entre ellos Espejo de espinas [Fondo de Cultura Económica, col. Río de Luz, 1986] y Tiempos de América [Cittá de Anghiari, 1985] y de dos CD-roms: Fotografío para recordar/I Photograph to Remember [Voyager, Los Angeles, 1990] y Verdades y ficciones/Truths and Fictions [Voyager, Los Angeles, 1992]. Ubicado en el centro mismo de una polémica discusión internacional en torno al falso o legítimo carácter documental de la fotografía digital, Pedro Meyer toca en esta charla temas como la analogía entre la edición en cine y video y la construcción de imágenes digitales, la vertiginosa expansión del internet y ZoneZero, el website de fotografía más visitado en el mundo.

Pedro Meyer en su estudio: Enrique Villaseñor / 2001
 
 
De la fotografía analógica a la fotografía digital
 
—¿Cómo llegaste a la fotografía digital?

Pedro Meyer: Fue un proceso evolutivo muy lento, no es como hoy en día, que alguien decide el jueves a las tres de la tarde que ya se convenció y salta a la fotografía digital. Cuando yo comencé no había nada. Aún tengo una serie de imágenes muy modestas de principios de los noventa; quienes las veían se preguntaban primero por qué se me ocurría invertir mi tiempo y mi energía en ese tipo de “fotografía”, y segundo, que eso me pareciera que tenía más promesas que la fotografía de laboratorio, con sus exquisitas líneas y sutilezas y todo lo demás. Así, de retratos a base de puntos con una impresora también de puntitos —no como las de hoy, los puntos eran como de coladeras— a nuestros días, hay un progreso inmenso. Puedes ver los primeros esbozos de eso en el libro que publicó Trisha [Trisha Ziff, Between Worlds, Contemporary Mexican Photography, Nueva York: Impressions Book, 1990]. El desarrollo de todo esto ha sido tan rápido que en una década pasó de ser algo de lo más primitivo a una complejidad que supera a la fotografía analógica: hoy una copia digital que yo hago es mucho mejor que la misma copia hecha en el laboratorio.
 
—Ya adivinabas las posibilidades de la fotografía digital...

PM: Desde el primer momento en que me senté a la computadora me dije: por aquí va el asunto, y es que no podía ser de otra manera. ¿Por qué? Creía que la fotografía química, después de 150 años, ya había agotado sus opciones, y por más vueltas que le dieras siempre terminabas en donde habías empezado, es decir, ya todo se parecía a todo y no había nada que realmente me entusiasmara. Desde luego, había aquí y allá algunas imágenes sugerentes, interesantes, pero eran incrementos mínimos en relación con el conjunto de la historia. Aun cuando hoy se están produciendo imágenes malas o banales por carretadas, estamos en el principio. Estoy seguro de que en diez o quince años van a empezar a salir cosas extraordinarias.
 
—Dices que ya se habían agotado las posibilidades de la fotografía analógica, ¿te refieres también a sus aplicaciones y a todos los géneros, la fotografía artística, la científica, el periodismo?

PM: Si haces una evaluación de las principales obras en el plano mundial vas a encontrar que el discurso de la fotografía se volvía reiterativo, es como si alguien planteara que una novela es diferente de otra porque los personajes tienen distintos nombres, pero el género de la novela fue evolucionando. En cambio, en la fotografía no había nada parecido. En las fotografías de reportajes, por ejemplo, solamente cambia la locación geográfica, pero el tratamiento del tema es siempre el mismo; tan es así que los fotógrafos con más experiencia hacen su trabajo con un cierto dejo de cinismo, repiten lo mismo: si ves sus obras, de un lugar a otro hasta el encuadre es semejante, los personajes son parecidos...
La fotografía digital vino a sacudir la historia de la fotografía, y no sólo la que viene, sino también la que ya aconteció. Se están revisando ahora los archivos de los fotógrafos del pasado, y se descubre, por ejemplo, que autores como Eugene Smith hacían montajes, pero él nunca se atrevió a decírselo a nadie porque eso era mal visto. Durante estos últimos años he tenido intensas discusiones en todo el mundo con muchos fotógrafos en relación con su negativa a reconocer las manipulaciones generadas por el laboratorio, por las lentes y por las cámaras mismas, por la selección de las imágenes y de los encuadres en la tira de contactos; así, la fotografía convencional se había revestido de un falso purismo: existen fotógrafos que pretenden fotografiar todo sin “alteración” alguna, sin “manipulación”, colgándose una aureola de santos con respecto a la realidad, pero si te pones a inspeccionar sus imágenes esa aureola empieza a craquelarse: al primer análisis se desvanece la discusión. Tú me hablas de la realidad y luego me muestras una imagen en blanco y negro —que es además la técnica que con mayor frecuencia usan los puristas. Después de que te recetan su pureza absoluta te enseñan la foto en blanco y negro. No queda más que sonreír y preguntar: ¿Ésta es tu representación “pura” de la realidad?
 
—Octavio Paz escribió, a propósito de la obra de Álvarez Bravo, que la realidad es más real en blanco y negro.

PM: Como poesía o como una interpretación vale, pero pretender que eso es una prístina representación de la realidad, obviamente no. A eso puedes añadir la serie de deformaciones de las lentes de gran angular, la introducción de la luz artificial de un flash electrónico, etc. Hace falta redefinir la fotografía documental. Los realizadores de documentales cinematográficos o de video, por ejemplo, asumen una serie de conceptos básicos, como que los personajes que aparecen en la pantalla sean los mismos de la realidad y no actores contratados, eso es un presupuesto básico. Lo que estás fotografiando no es un set de la realidad, ¿de acuerdo? Pero nadie ha pretendido jamás que un documental no se edite ni se arme de acuerdo con un guión, así, ¿por qué en una fotografía fija no debería editar y armar si puedo hacerlo con un documental fílmico? El hecho de que se trate de imágenes en movimiento o de que sean imágenes fijas, ¿qué importancia tiene ahora? Yo puedo construir una imagen fija con personajes que estuvieron ahí, personajes reales en un lugar real, ¿cuál es la diferencia con el cine? Alguien podría argumentar que eso, como yo lo presento, no existió así en el mismo instante, y mi argumento es que no es así el cine documental ni es así en ningún otro medio; no existe ningún medio en donde no edites y no compongas para hacer más eficiente tu discurso, así ¿qué tontería es ésa de que no puedo hacerlo con la foto fija? Es tal el escándalo que se ha armado en torno a eso que todos están temerosos de incursionar en el ámbito documental. Creo que ya es tiempo de que la gente empiece a sentir que tiene el derecho, la posibilidad y las herramientas para hacerlo mejor, sin que deje de llamarse documental.
A veces me siento ahí a hojear mis libros, mis viejos archivos, y mis archivos viejos no se diferencian de las fotos que tomé ayer. Veo las fotos y veo cómo las voy a tratar, qué conexiones hay entre una foto y la otra, y puedo juntar dos o tres fotos y después empiezo a escribir; esto se convierte en algo mucho más interesante que en el pasado.
 
—¿Qué va a suceder con la fotografía analógica de aquí a unos años, cuando el empleo de la fotografía digital se haya generalizado?

PM: La fotografía es exactamente la misma, ya sea analógica o digital. En el mundo analógico usas medios y herramientas particularmente definidas por lo químico; en el digital utilizas medios electrónicos que te permiten llevar el discurso fotográfico mucho más allá que con la fotografía analógica. Son las herramientas electrónicas las que te permiten modificar tu discurso, es el discurso fotográfico postanalógico el que se replantea. La historia de la fotografía es una. Fotografía quiere decir escribir con luz. Aun así había quienes decían al principio, por desinformación e ignorancia, que la fotografía digital no escribía con luz porque se trataba solamente de cuestiones electrónicas.
 
—Lo que nos remite a una estructura mental, a una cultura y una tradición muy difícil de cambiar. No es sólo una revolución conceptual, sino incluso filosófica.

PM: Técnica, conceptual, estética, filosófica. El hecho de poder incorporar sonido e hipertexto a una imagen fotográfica hace que te replantees, por ejemplo, este momento: estás grabando, y en otra ocasión alguien tomará fotos. Con las nuevas herramientas puedes transcribir electrónicamente esta conversación y crear un texto electrónico donde puedes mezclar las fotografías, el sonido —mi voz, la del entrevistador, música, ruido—, referencias, anotaciones, imágenes en video, bibliografía, todo en un solo soporte, y hacer una serie de nuevas presentaciones más versátiles... En cambio, seguimos trabajando con métodos tradicionales que obedecen a una estructura tradicional. “Incito a los fotógrafos en todas partes —escribió Pedro en el editorial de mayo del 2000, en ZoneZero— a que prueben, a que experimenten con la producción de trabajo documental que resulta muy sólido aplicando la tecnología digital. Obviamente están presentes los riesgos del abuso, pero siempre han estado ahí, también en otros medios, y esto nunca impidió que los creadores responsables usaran todas sus herramientas. Hemos llegado a una redefinición de la fotografía documental; ahora es el momento de demostrarlo.”
 
—Con las herramientas digitales ahora uno mismo puede ser su propio editor...

PM: Claro, estas herramientas son los vehículos más completos para expresarnos y presentar nuestras ideas. Por ejemplo, este libro sobre la mesa [señala un libro objeto hecho por su esposa Trisha y su pequeño hijo Julio en el que hay reproducciones fotográficas de objetos y esculturas prehispánicas apareadas con las imágenes de personajes de Pókemon] es una pieza única, y para poder compartirlo con alguien en otra parte del mundo tendría que duplicarlo. Con la tecnología digital puedo hacer varios ejemplares impresos o electrónicos en una tarde y mandártelo, del mismo modo que podría hacer diferentes versiones y publicarlo en Art in America o exhibirlo en una galería. ¿Te imaginas cuánto nos tardaríamos si lo hiciéramos con las técnicas tradicionales, y cuánto costaría? También lo puedo subir a la red y establecer ligas con todos los sitios de Pókemon en el mundo, con los lugares de subasta de tarjetas... o sea, puedo hacer una cosa fantástica en donde confluyen el mundo de los pokemones con el del Museo de Antropología. Es asombroso cómo dos mundos totalmente distintos se pueden llegar a conectar de esa manera.
             
   
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