Darío López, fotógrafo mexicano, editor fotográfico de la agencia A.P. en Brasil, cubrió en Chile las primeras reacciones por la detención del ex-dictador Augusto Pinochet en noviembre de 1998. Sus imágenes muestran dos caras de un mismo suceso; por un lado, el apoyo incondicional al dictador por parte de los "pinochetistas" pertenecientes a la derecha y ultraderecha chilenas y, por otro, las exigencias de juicio y el castigo que reclaman los defensores de los derchos humanos y los familiares de las víctimas de la dictadura.
Dos puntos de vista opuestos que, sin embargo, testifican el enorme trecho recorrido, en unas cuantas semanas, por los Derechos Humanos a nivel mundial. Parecen quedar atrás los años en que dictadores de todo tipo, cobijados tras insignias de general, banda presidencial, o membrete de "revolucionario", podían cometer atrocidades contra sus propios pueblos ante la virtual indiferencia internacional.

(*) En 1996 Darío López obtuvo el "Premio Fotoprensa México" : 1er lugar en la catergoría "fotonoticia" de la 2a Bienal de Fotoperiodismo México.
 


EDITORIAL

La historia no se detiene

Han pasado 25 años desde que Augusto Pinochet tomó el poder en Chile mediante un sangriento cuartelazo. El mundo, sin embargo, no ha olvidado los crímenes cometidos por este dictador durante su finalizado régimen. Senador vitalicio, Pinochet ha conseguido evadir a la justicia parapetándose tras su inmunidad parlamentaria y los militares de su país quienes todavía manejan la política de manera disimulada, con una fachada de gobierno civil. Hoy, la estrella de Pinochet se apaga. Después de su detención en Inglaterra en el que enfrentó un repudio internacional casi unámime, Pinochet regresa a su país para enfrentar el juicio del pueblo chileno como responsable de los crímenes que cometió durante la dictadura que encabezó después del derrocamiento del Presidente Salvador Allende.

Ahora, en Chile, Pinochet enfrenta la decisión del tribunal de jueces de la Corte de Apelaciones de Santiago, de retirarle su inmunidad parlamentaria, sin la cual quedara abierta la puerta para que sea juzgado por las violaciiones a los derechos humanos que cometió durante los 17 años que duró su régimen militar.
Las muestras de júbilo que estallan entre los adversarios del anciano exdictador por la decisión de la corte chilena, se han extendido ya desde Santiago al mundo entero.
Sin embargo, debe quedar claro que no será posible aplicar a este asesino castigo suficiente para que pague, ni siguiera en parte, los crímenes de lesa humanidad que cometió durante su estancia en el poder.
Enhorabuena pues para el puebo chileno, y enhorabuena también para la comunidad intenacional que aplaude busca se cumpla la justicia.

Bienal de Fotoperiodismo México
(Mayo 24, 2000)