PLAYAS URBANAS

Ante la oleada de crisis económica que vive el país, las playas del Distrito Federal se

han convertido en una opción de divertimiento para cientos de familias.

TEXTO Y FOTOS

EQUIPO 1. Paulette González, Eduardo Altúzer, Miguel Angel García, Anne Bonnefoy,
Laura López Goroztieta, Héctor García Sánchez.

Tres días en la playa. Con las manos arrugadas por el agua clorada y la piel morena, ceniza por estar bajo los rayos del sol citadino, ha pasado toda la mañana apostando con sus dos acompañantes, el mejor clavado del día.


Arturo tiene 12 años y tres días seguidos en abandonar los callejones de la colonia Pradera, en Aragón, para ir a conocer la playa; por lo menos, dice, una "de a mentis". Acompañado por dos de sus compinches favoritos, Gabo y Ramón, han llegado a una de las sedes de las "playas de Marcelo", ubicada en el deportivo Villa de Aragón.

Esta mañana no han desayunado, pero este día pudieron traer dinero para comer algo en la playa. Camarones, mojarras y filetes no están dentro del menú de hoy porque no los venden aquí, y si lo hicieran, no los podrían comprar; traen 20 pesos y lo único que han podido comer son frituras y galletas.

Trajes de baño improvisados. Bermudas, pecho descubierto y toallas decoloradas que secan los residuos de agua que se evaporan en los cuerpos de tres niños, que no han conocido el mar, pero que, en albercas olímpicas improvisadas, han podido imaginar que están en él.

Una oleada de crisis económica los trajo hasta aquí. A la orilla de la alberca disfrutan de los últimos rayos del sol. Provenientes de Cuautitlán Izcalli, dos mujeres han traído a sus hijos a vacacionar. Playeras largas esconden la circunferencia corporal que han adoptado luego de que cada una parió dos hijos.

Esther González ha preparado el itacate del día. Atún con verduras, galletas saladas, papas, agua de naranja y algunas tunas peladas, son el manjar de hoy. Hace más de 7 años que no visita la playa, su marido gana el mínimo, y mantener a dos hijos bajos esas condiciones, "está canijo", comenta entre risas.

Las autoridades de su municipio no han tenido la iniciativa de instalar playas artificiales cerca de su casa, por ello han tenido que trasladarse hasta Aragón, para poder distraer un rato a los niños.

La playa implementada por el Gobierno del Distrito Federal, en el Deportivo Bosque de Aragón, tiene una capacidad para 3 mil personas; sin embargo, a tres días de su inauguración, esta sede ha tenido, por día, cerca de 120 visitantes.

Las playas artificiales están decoradas con arena, la cual proviene de los desechos de la extracción de metales de lo que fuera la zona minera de Hidalgo, llamados "jales".

Voleibol y otros juegos de playa son realizados por los visitantes en espacios de cuatro por cuatro metros de esta arena, que contiene metales pesados como zinc y plomo, que sin embargo, según análisis físico-químicos realizados a los residuos del "jale", no tiene elementos tóxicos debido a la concentración de sales y el alto PH.V

 

Al sur de la capital, el deportivo Villa Olímpica alberga otra de las diez sedes de estas playas; Olivar del Conde, la Joya y la carretera Picacho-Ajusco, son algunos de los lugares de origen de los visitantes.

Los contenedores de agua clorada -una alberca y un chapoteadero- en la que se mezclan los residuos del protector solar y algunos líquidos corporales, son el quimérico mar que no emite sonidos, sólo olores químicos.

"Vamos a la playa" es el eslogan que las autoridades de la ciudad han utilizado para que los habitantes de la capital tengan alternativas de diversión en estas vacaciones de verano, que si bien no han tenido el éxito de anteriores temporadas, debido a los cambios climáticos inesperados, son una buena opción para simular, que bajo los rayos del sol citadinos, se está en la playa.