Ya en los años veinte, cuando Moholy Nagy impartía el Curso Preliminar en la Bauhaus, afirmaba lo siguiente: "La creación óptica, es uno de los caminos educativos espontáneos, impremeditados, que nosotros seguimos para preparar la forma de conocimiento apropiada para una sociedad futura.

"Cuánta razón tenía el maestro húngaro y que poco caso se le ha hecho. Es definitivo, la educación óptica es una de las necesidades urgentes en los planes de estudio de las escuelas de enseñanza en todos los niveles.

Puesto que vivimos en una sociedad que vive inmersa en un mar de imágenes publicitarias, ilustrativas, periodísticas, televisivas, cinematorgráficas, amarillistas, subliminales, pornográficas, etcétera; se hace más necesario que nunca, que los niños y jóvenes reciban una educación visual que les permita dimensionar y analizar con inteligencia la cantidad de mensajes que reciban a diario a través de los ojos.

Pero mientras esto no ocurra, los comunicadores, y en este caso los fotoperiodistas, son quienes a través de su trabajo deben elaborar un discurso y una ética que sirva de contrapeso informativo y educativo a la cantidad de imágenes enajenantes que nos asaltan a diario.


Con el ángulo elegido, con la edición fotográfica, con la perseverancia de su disparador de cámara, el fotoperiodista elabora un discurso que llega al lector de diarios cada mañana. Quienes optan por realizar fotografía amarillista, hacen de su labor una pornografía de la noticia. En cambio, quienes asumen su responsabilidad ante la sociedad, hacen de la fotografía un espacio informativo en el que el mundo entra con todas sus contradicciones: el terror de una guerra, la algarabía de un carnaval, la soledad de un niño en la calle, el clamor de una manifestación multitudinaria, el esfuerzo deportivo, un beso homosexual como forma de lucha contra la hipocresía social, la brutalidad de la represión policiaca, la belleza efímera de un eclipse lunar. El círculo de un lente fotográfico precisa volverse dentro del periodísmo en un receptáculo de nuestra pluralidad cultural. El fotoperiodista debe tener la capacidad para decidir su postura ante los acontecimientos; en ocasiones tendrá que denunciar, en otras sólo testimoniar, habrá momentos con contradicciones dignas de señalarse, habrá otros en que un rapto artístico sea lo necesario. Con esta Segunda Bienal de Fotoperiodismo, queda claro que en nuestro país hay fotógrafos que han asumido su trabajo con responsabilidad y calidad. Estos trabajadores de la cámara demuestran que en su oficio no hay más código ético que la honestidad y la intuición individual; en cambio, casos como los de paparazzis en la vida y muerte de la princesa Diana, o la recurrencia grotesca de masacrados en la portadas de la prensa amarillista, son fenómenos que se explican con la avidez económica de los mercaderes de la imagen.

El Centro de la Imagen ha querido continuar con este eveto su postura de difundir lo mejor de la producción fotográfica periodística nacional e internacional y así contribuir en la incipiente labor de educar con lo que se mira.

Patricia Mendoza