A. BECQUER CASABALLE : Por un fotoperiodismo ético
Argentina 2002


Cesar Damián: 6a Bienal de Fotoperiodismo

POR UN FOTOPERIODISMO ETICO
Por A. Becquer Casaballe


La ética constituye el aspecto sustancial de la filosofía que trata sobre la moral y las obligaciones comunes a todos los hombres, distinguiéndose de la ley porque ésta, en cambio, es un ordenamiento realizado por el Estado al que, teóricamente, todos deberían someterse.
Se supone que los psicoanalistas no deben difundir lo que les relatan sus pacientes ni los curas lo que escuchan en el confesionario. Los médicos tienen el compromiso de agotar todos los medios para preservar la vida de las personas, el periodista tiene que informar sobre hechos que son noticia y el fotógrafo debería registrarlos. Esto no es ninguna novedad, así que el fotoperiodismo, como cualquier otra actividad humana, debería estar sujeto a la ética.
En la Argentina, lamentablemente, pareciera que lo único que interesa es que el fotógrafo sea capaz de hacer "buenas" imágenes, sin importar los medios. Esto se ha convertido en la tradición dominante de la "anti-ética", donde la verdad y el respeto por los lectores queda en un segundo plano.
La tan mentada "objetividad periodística" como verdad absoluta no existe. Es natural que así sea desde el momento que las noticias son el producto de juicios donde, obviamente, la existe la intervención humana. De la misma manera, sabemos que la fotografía tampoco es objetiva.
Sucede que el fotoperiodista -a diferencia del redactor que produce un relato verbal-, selecciona el punto de vista y el encuadre, decidiendo el instante oportuno. La manera como destaca uno o más aspectos significativos del hecho es lo que hace a la fotografía de información, pero el sentido final lo da el propio medio a través de la edición, la puesta en página, el epígrafe, el texto y los títulos.
Aunque se debería pensar en dos cuestiones básicas que son la verdad y los lectores, hay que ser realistas: el reportero es apenas una parte de la extensa y compleja cadena de producción.
Generalmente, se tiende a sobrestimar la importancia del fotoperiodista en la toma de decisiones. La mística que gira en torno a la profesión oculta la realidad: son pocos los que pueden elegir y editar los temas que les interesan.
Después de todo, el periodismo es una expresión de la sociedad y, como ésta, asume conductas que le dan su propia identidad. Establecer un debate sobre cuestiones éticas, de la misma manera que empieza a darse en el terreno de la política referido a la corrupción, es nuestra responsabilidad. No deberíamos subestimar la fuerza de los lectores sobre la prensa. Pero, para ello, se requiere de ciudadanos con educación y dispuestos a defender sus derechos.
Cuando se manipula maliciosamente una noticia a través de fotografías que son una "mise en scène", se está violando al derecho de las personas a la información veraz. Y esto es muy grave.
La historia y el presente, con sus ejemplos
Durante la Comuna de París, en 1871, un fotógrafo francés, Liébert, realizó una serie de fotomontajes propagandísticos en uno de los cuales aparecían los revolucionarios fusilando sacerdotes. El gobierno necesitaba desacreditar a los comuneros.
En 1917 cayeron en manos del jefe del Departamento Británico de Inteligencia, brigadier J.V. Charteris, dos fotografías alemanas. Una de ellas mostraba cadáveres de soldados siendo transportados por sus camaradas para ser sepultados y, la otra, de caballos muertos con un epígrafe que decía que serían utilizados para fabricar jabón. El brigadier decidió colocar un epígrafe en la imagen de los soldados muertos: "Cadáveres alemanes en camino a la fábrica de jabón" y la envió a Shanghai. Fue utilizada para crear resentimiento hacia los alemanes por parte de los chinos, con el argumento que los ejércitos del Kaiser no respetaban a sus propios muertos. La inteligencia británica ayudó, con ese ardid, que China declarara la guerra al Imperio Austro–Húngaro.
En 1964, la revista "Life" publicó en la tapa una fotografía de Oswald, el asesino del presidente Kennedy. Aparecía con un fusil y una revista de extrema derecha como prueba de sus actividades políticas. Investigaciones demostraron que se trataba de un fotomontaje realizado con el objeto de obtener "una buena historia" sobre el pasado de Oswald.
Debemos, de todas maneras, reconocer a Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del III Reich, como uno de los maestros del engaño en el siglo XX. Buena parte del triunfo de las ideas nacionalsocialistas se deben a la acción psicológica que instrumentó desde el ministerio a su cargo, utilizando métodos de persuasión que dejaron el camino libre, junto a los procedimientos de la Gestapo, para el accionar del aparato del nazismo.
Durante el conflicto en las Islas Malvinas, en 1982, la Junta Militar evitó tener que ejercer el control sobre las fotografías de prensa gracias al simple recurso de no permitir la presencia de reporteros de medios independientes en el escenario de los hechos, dejando exclusivamente la producción de las imágenes en manos del los canales oficiales de televisión y de la agencia Telám, también oficial. Simplemente se prohibió el acceso a la fuente de información.
En septiembre de 1988, un video-tape realizado por uno de los canales de la televisión oficial mostró escenas de violencia de un acto antigubernamental organizado por la CGT. En el final, la imagen quedaba congelada de tal forma que se veían los destrozos en la calle y un gran cartel del candidato justicialista a la presidencia, Carlos Saúl Menen. Esa manipulación llevó a los legisladores de la oposición a cuestionar con severidad el recurso propagandístico del gobierno.
A mediados de 1995, la revista "Viva" de Clarín "inventó" un personaje dedicándole la tapa y una extensa nota: "El Hombre de las Nieves". El texto, y las fotografías, describían un ser de novela aparentemente defensor de la ecología (a pesar que intentó cruzar un lobo con un perro) y que, también supuestamente, vive en las montañas próximas a Ushuaia. En realidad, se trata de un guía de turismo de aventura que tiene su cómoda casa calefaccionada en la ciudad y un "refugio" para llevar a los turistas.
Tanto con finalidades políticas -caso del III Reich-, para obtener una "buena historia" como hizo "Life" con Oswald o, simplemente, como una de las tantas frivolidades de "Viva", la mentira y la manipulación en el fotoperiodismo es más frecuente de lo que se presupone.
Algunas normas
1. No simular hechos inexistentes. Esto que parece una verdad de perogrullo, sucede con demasiada frecuencia. La revisa "Gente" habría contratado un modelo que, simulando estar bajo los efectos de drogas, aparecía recostado sobre una pared en la que se habían pintado símbolos y leyendas de partidos y agrupaciones de izquierda. Se presume que pretendieron asociar inconscientemente determinadas tendencias políticas con la drogadicción. Pero el caso más relevante de los últimos tiempos fue la protagonizado por la editorial Perfil, que pretendió producir una ilustración sobre la posibilidad de un atentado terrorista frente a la sede de una institución judía.
2. No influir ni tomar parte activa, bajo ninguna circunstancia, en los hechos. Esto implica no sugerir actitudes, ni interactuar o estimular conductas en los protagonistas de la noticia. En 1983 la Dra. Elba Roulet, al asumir la vicegobernación de la Provincia de Buenos Aires, tuvo un gesto significativo al omitir estrechar la mano del militar que hacía el traspaso del poder. Los fotógrafos, con insistencia, le pidieron que lo saludara porque, en ese curioso esquema mental que dice que las cosas tienen que suceder de determinada manera, por tradición "debían" saludarse. La vicegobernadora accedió, expresando su disgusto: "¡las cosas que hay que hacer por los fotógrafos!".
3. No alterar, modificar o incluir elementos ajenos a la situación, que resulten significativos en la lectura de la imagen. Cuando en 1989 el avión del por entonces candidato a la presidencia Carlos Menem, se estrelló a poco de despegar y, por esos azares del destino, éste se no lo había abordado, la agencia DyN distribuyó una fotografía (obtenida con un objetivo de 24 mm) que mostraba los restos de la aeronave y, en el primer plano, un afiche arrugado del candidato con la leyenda "Síganme".
4. No recrear situaciones reales. En determinadas oportunidades, el reportero no llega a tiempo para documentar un acontecimiento o el resultado obtenido es técnicamente inutilizable. En 1972, durante las Olimpíadas, un comando de la organización fundamentalista islámica "Septiembre Negro" tomó por asalto, en Munich, el edificio donde estaba alojada la delegación de Israel. Las radiofotos transmitidas por las agencias de noticias no satisfacían los requerimientos de calidad de algunas publicaciones. La desaparecida revista "7 Días", tomó como boceto una radiofoto y reconstruyó la escena en un edificio de la Avda. Leandro N. Alem, con actores armados y vestidos con pasamontañas. La imagen se publicó en la tapa como si fuera auténtica.
5. Respetar la privacidad de las personas. Se dice con frecuencia que los personajes públicos no tienen vida privada, lo cual es una verdad a medias. Debería decirse que es en los lugares públicos donde no existe privacidad. En 1981, la revista "Gente" publicó en la tapa la fotografía de Ricardo Balbín en la sala de terapia intensiva de una clínica de La Plata. La imagen habría sido obtenida por una enfermera con una cámara automática, a quien habrían inducido -y pagado- para hacerlo. El caso fue llevado a la justicia y los editores debieron desembolsar una fuerte suma por resarcimiento moral.
6. Ser prudentes en situaciones que involucran a menores de edad. Las leyes de varios países avanzados prohíben publicar el nombre y fotografías de menores involucrados en hechos policiales o judiciales. En el caso Wildner-Osswald, por la tenencia de la pequeña hija del matrimonio, la madre la exhibió para que los diarios, revistas y la televisión pudieran montar un gran "show" sin ningún tipo de miramiento. Cuando la niña fue restituida a Canadá, la señora Osswald fue advertida por su abogado que no debía hacer declaraciones a la prensa. La organización "Abuelas de Plaza de Mayo" ha sido muy cuidadosa en no exponer al periodismo a los menores restituidos a sus padres biológicos.
7. Evitar las imágenes morbosas. La publicación de fotografías de personas muertas, mutiladas o escenas escabrosas se justifica en algunas y determinadas situaciones. Luis Priamo, en un ensayo sobre este tema, recuerda que el "Washington Post" decidió no publicar la fotografía de la cabeza de la actriz Jayne Mansfield atravesada por un vidrio y el cuerpo yaciendo a varios metros. El reportero gráfico Ricardo Ceppi, en una oportunidad, debió documentar la autopsia de un joven que se suponía había sido asesinado por policías; las fotos eran muy cruentas pero eligió una donde apenas se veían los forenses, omitiendo cualquier atisbo de sensacionalismo. En cambio, el periodismo vernáculo y la televisión mostraron, sin razones valederas, las imágenes de los cadáveres de Silvio Oltra y de Carlos Menem (hijo), fallecidos en un accidente de helicóptero. Distinto es el caso de víctimas del hambre, de hechos de guerra, atentados terroristas o catástrofes, cuando la connotación social y política tiene una determinada dimensión y las fotografías pueden servir para generar sentimienos de solidaridad o de condena, según el caso.
8. No abusar del oportunismo. Determinadas actitudes y gestos de políticos, funcionarios y otros personajes, que duran apenas fracciones de segundo, pueden dar como resultado fotografías oportunistas que desvalorizan a la persona por obra de la casualidad. Este tipo de fotografía puede ser al final de cuentas humorística y constituirse en una manera de editorializar. Es muy sutil la línea que separa el "legítimo oportunismo" del panfleto. En 1982, Horacio Tato, director de la agencia DyN, quien nunca trataba de imponer sus puntos de vista, rechazó una toma de Alvaro Alsogaray porque la consideró peyorativa: el capitán-ingeniero había sido tomado con un objetivo de 20 mm, desde un ángulo elevado, resultando una imagen extremadamente artificial.
A. Becquer Casaballe © 2002.