La Fotografía Cubana Contemporánea:

nuevos caminos y exponentes



FONDO CUBANO DE LA IMAGEN FOTOGRAFICA
Por Rufino del Valle


La generación del ‘70 en Cuba abrió el camino a la creación del movimiento artístico más importante de finales del siglo XX, fue un paso de transición de la fotografía cubana de este período. Es a partir de los comienzos de los '80 que se rompieron todos los esquemas establecidos y se mantuvo vigente con fuerza durante todos esos años y hasta principios del siglo XXI. Se rompieron tabúes y hubo una apertura en cuanto a criterios, conceptos y temas que hasta entonces nunca se pensó que pudieran retomarse.
De los ochenta fueron los interiores y situaciones domésticas de René Peña, que a su vez a finales del siglo tuvo un vuelco total en su producción, donde mezcla la estética visual con los ritos afrocubanos, a través de autorretratos. Utiliza los símbolos y los signos a través del negro de su piel y elementos blancos, jugando con ellos, aunque en algunos casos usa la ambigüedad.

Un punto aparte merecen las obras, a finales de los noventa, de Marta María Pérez, Juan Carlos Alom y Eduardo Hernández Santos al concebir sus series a partir de un examen conceptual, formal y estructuralmente diferente a todos los parámetros establecidos, pasando del expresionismo brutal al marcado erotismo, con fuertes elementos místicos afro-cubanos en los dos primeros; pero entre los tres tienen tendencias de experimentos plásticos y cierta escenificación teatral, aunque diferenciadas entre sí. Las imágenes de Eduardo Hernández son la más alta expresión escenográfica, en cuanto a fotografía se refiere. Centra su atención únicamente en la desnudez del hombre, y hace recordar, en algunos casos, imágenes helenísticas o romanas, pero todas ellas están plagadas de sensualidad homoerótica, creando imágenes únicas e irrepetibles.

Yamila Lomba es una de las pocas mujeres que se han destacado en la fotografía, en Cuba; aunque proviene del periodismo, su obra autoral se ha especializado en el manejo del desnudo a color, yuxtaponiendo imágenes a partir de ideas pre-elaboradas concretamente, creando cuerpos extraterrestres o inexistentes, con un sentido surrealista. Sus obras son creaciones únicas e identificativas con ella.
En el caso de los desnudos de Víctor Paneque, éste los asume con gran fuerza y temperamento, que en algunos casos puede ser chocante y agresivo. No son meros desnudos, ni clásicas escenas bonitas del cuerpo humano. Sus personajes, son puros elementos de ficción, pero como si fueran elementos pertenecientes a una novela erótica contemporánea. Desde su clásica serie "Café Cubita", pasando por la serie "Cabareteras" (recordando a las sugestivas bailarinas de Constantino Arias), su obra nos envuelve en un discurso con vertientes eróticos obsesivos en cada personaje, no solamente sugiere, sino que afirma y corrobora lo ya conocido. El artista se decanta y nos presenta cuerpos, generalmente de mujeres, siempre reales, pero con una realidad tal cual es, sin tapujos, sin estereotipos, sin doble cara ni moral, tal cual es, tal cual somos, como realmente nos comportamos en la intimidad, en nuestro interior. Su obra se presenta con una visión pura de sentimientos y de respeto, pero con gestos provocadores. Son escenas plagadas de sensualidad y ajuste, con fino sentido de erotismo y fuera de los efectos pictóricos, anunciando un enlace de realidad ulterior. Paneque constantemente juega entre los límites del arte y la pornografía, sin llegar a esta última. Pero insistentemente nos provoca. De los más jóvenes exponentes del Fondo Cubano de la Imagen Fotográfica y puntales en la generación que se avecina, son las imágenes de Gregorio Suárez, Leisis Elisa Cordoví y Nadalito. Los dos primeros se centran en autorretratos en blanco y negro, buscando las nuevas tendencias que circundan el universo visual. Se proyectan hacia lenguajes ricos en símbolos y significados que los ponen al nivel y escala de lo más nuevo de la producción cubana, al igual que Nadalito. Sin embargo éste último no realiza autorretratos ni utiliza los símbolos. Su trabajo está basado en fotografía de reportaje a color, con énfasis en el tratamiento de temas intrascendentes e íntimos, vinculados a sucesos personales. Siendo hasta ahora todo lo contrario del resto de los artistas que le han precedido. Su obra marca un tratamiento diferente y original a lo que al parecer viene desarrollándose esta nueva oleada en la fotografía contemporánea cubana.

“Lo real maravilloso” carpenteriano, de esta joven fotografía, radica en la utilización de diversos estilos fotográficos (interiores, desnudos, paisajes urbanos, personajes callejeros, retratos, naturalezas muertas, manipulaciones y hechos testimoniales). En todo ello se puede observar un juego magistral de luz y sombras y, por supuesto, una elevada técnica de impresión, aunque haciendo más énfasis en el retrato ambiental, pero muy especialmente en el desnudo y utiliza mucho la composición escenográfica. Su mirada es más franca, tajante, y provocadora. En algunos casos con cierta ambigüedad, pero en todos se encuentran originales propuestas de fino sentido plástico, sin copiar las tendencias pictóricas.
Es en este período donde se da a conocer una radical transformación a diferencia de la generación anterior: hacia variadas filosofías, en busca de un nuevo héroe y con una nueva poética, que está dando un vuelco total a lo ya reconocido hasta entonces.

Muchos autores, anteriores a éstas décadas siguen activos y algunos de ellos utilizan el color, para su proyección. Tal vez por la influencia de que solamente se venden materiales a color (por ser el más utilizado en turismo, por tener más demanda y por ser el más solicitado para la publicidad y la fotografía comercial). Aunque la mayoría siguen aferrados al Blanco y Negro porque lo consideran más creativo.

En éste último período del siglo XX, “las expresiones fotográficas se canalizan a través de dos formas fundamentales de aproximación a la imagen: una, asumida directamente y otra, influenciada por la presencia de artistas con una formación pictórica, que bien puede considerarse manipuladoras de la imagen. Sin embargo, la línea predominante de la fotografía cubana sigue siendo la directa, la cual, en su desenvolvimiento ha incorporado visiones más reflexivas”.
Hay quienes plantean que la fotografía documental y la de prensa en Cuba prácticamente ya no existe. No se puede ser tan concreto en esta afirmación. El problema es que esa fotografía tuvo un volcán arrebatador en la década de los '60, que marcó pauta y estilo muy particular, creando escuela. También compite contra ella que la mayor parte de la producción de hoy en día se basa en otros conceptos y puntos de vistas más creativos (menos periodísticos) influenciado por las tendencias y gustos de la fotografía occidental. Pero se puede comprobar en las muestras de fotografía contemporánea cubana que circulan por el mundo, que todavía hay fotografía cubana para rato, donde cada vez surgen nuevos exponentes y tendencias de vanguardia.
En algunos casos son, inclusive egresados de las escuelas de pintura y que se dedican única y exclusivamente a la fotografía y en otros casos son individuos solitarios y de formación autodidacta que emergen de la necesidad de expresarse o tal vez, influenciados por el empuje arrebatador del Fondo Cubano de la Imagen Fotográfica, que los embulla a estudiar, pero con una fuerza creativa tal que arrastra y descontrola, todos los parámetros pre-establecidos.

Mayo 2003

 

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A su vez Humberto Mayol, así como Rolando Pujol y Pedro Abascal consiguieron perseguir al ser humano, impulsado tal vez, por el oficio periodístico. Seleccionaron y tejieron con fino humor el instante preciso de una acción fotográfica espontánea y diáfana, sin llegar a lo grotesco, ajustándose a un humor sutil, elegante y al mismo tiempo muy cubano. Aunque a principios del siglo XXI Humberto toma como bandera una creatividad diferente, a partir de la imagen computarizada, manipulando sus obras anteriores o creando nuevas imágenes a partir de la moderna tecnología; y Abascal se perfila con una tendencia más rebuscada: hacia un manejo artificial de la imagen directa.
La trilogía formada por Raúl Cañibano, Cristóbal Herrera y Gonzo González, persisten en las imágenes sin rodeos, sin substerfugios. Hay quien califican a los dos primeros como seguidores de la obra de Sebastiao Salgado. Raúl y Cristóbal recorren el país espontáneamente buscando esa imagen autóctona, brusca, real, fuerte y perecedera del cubano simple y desconocido; naturalmente que Gonzo, los secunda y se enfrasca en el quehacer de la mujer en su medio como lo demuestra en su serie Fidelísima o se empecina en la búsqueda noticiosa durante el funeral de Alberto Korda.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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